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Itinerario a pie de cala Estreta al arenal de Albarca Información general Acceso: Desde Artà, solamente podemos llegar hasta Cala Estreta, punto de partida del itinerario, por la carretera de sa Duaia, una carretera en mal estado con importantes desniveles (10 kilómetros aproximadamente). A partir de Cala Estreta la carretera se ensancha, pudiendo dejar el coche, aunque tal vez sea mejor dejarlo en la cercana Cala Mitjana, con más espacios de aparcamiento (tener presente que no hay vigilancia, por lo que es habitual que se produzcan robos). No hay aparcamiento para bicicletas. Tiempo del recorrido: Aproximadamente 1 hora y 15 minutos, además del tiempo que necesitaremos para descansar, nadar o disfrutar del paisaje (5 horas aproximadamente). |
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Recomendaciones: - Utilizar calzado deportivo o, preferentemente, de montaña, ya que gran parte del camino transcurre sobre roca. - Llevar agua suficiente. - El itinerario se puede realizar durante todo el año. En verano debemos evitar caminar durante las horas de más insolación (aunque se puede disfrutar de las magníficas playas). Durante el invierno, en caso de lluvia o viento intenso y frío, hay que tener en cuenta que no hay refugios. - Son imprescindibles el sombrero en verano y ropa de abrigo en invierno. - El camino no implica peligros, aunque hay que ir con cuidado con los acantilados, especialmente los días de viento y olas. No olvidemos que ... - No se puede hacer fuego. - Hay que ir siempre por el camino. - No debemos molestar a los animales ni arrancar plantas. - Hay que ir con especial cuidado para no pisar las zonas de vegetación dunar de las playas. - Traer de vuelta los residuos que se han producido. - Acampar en la zona está regulado. Hay que informarse antes de las condiciones en la Conselleria de Medi Ambient (Tel. 971 17 68 00) o en el Ayuntamiento de Artà (Tel. 971 82 95 95). - No se puede circular en motocicleta ni en bicicleta de montaña por este recorrido. - Estamos en un espacio protegido y en todo momento hay que respetar la normativa vigente. | |
El itinerario transcurre en todo momento por un estrecho camino que bordea el litoral, el pequeño camino de los Carabiners, que tiene subidas y bajadas contínuas, a veces bastante pronunciadas. Es un recorrido especialmente indicado para disfrutar de uno de los paisajes costeros mejor conservados de la isla, con tres maravillosas playas vírgenes. Las dificultades de acceso han preservado este extremo de Mallorca del proceso urbanizador que han sufrido otras zonas. También disfrutarán del itinerario los interesados en la botánica, en la observación de aves y en la fotografía de la naturaleza. En esta zona se tiene una agradable sensación de tranquilidad, de estar alejado de todo. Los ruidos, las aglomeraciones urbanas y la masificación quedan lejos del lugar. |
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El paisaje: Las piedras, el mar y la montaña Disfrutar del paisaje es un motivo suficiente para realizar este itinerario. Los colores dominantes son el azul del mar, el verde de las garrigas, los pinos y las montañas, y el gris de la roca; el olor, a manzanilla y otras hierbas aromáticas. Las contínuas subidas y bajadas, y las entradas y salidas del mar, hacen que el paisaje cambie a cada instante y que sorprenda en cada recodo. Desde algunos puntos del itinerario se observa en su totalidad todo el tramo noroccidental de la costa mallorquina, del cap del Freu de Capdepera hasta el cap de Formentor, a lo lejos. Más cerca está el cap de Ferrutx, uno de los elementos paisajísticos más destacados, con la atalaya Moreia encima. En el mar, además del azul intenso y del blanco de las olas, predomina un elemento especial, el farallón de Albarca, visible a lo largo de casi todo el recorrido. Es un islote curioso, situado a poca distancia de la costa, delante de la torre de Albarca. Si miramos bien hacia el horizonte, al nordeste, los días muy claros podremos ver Menorca. Si miramos hacia el interior se observan una serie de montañas y colinas. Destacan, en el extremo de levante, la atalaya de Son Jaumell y la colina de s'Àguila y, a poniente, la Tudossa (se reconoce por la presencia de antenas) y la atalaya Moreia. |
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Primera parada: El Matzoc Es la primera y la más pequeña de las tres playas del itinerario. Se llega a esta cala de arena y piedras después de media hora de camino. La playa, muchas veces, está cubierta de hojas de posidonia. Si se camina por la orilla del mar, se encuentran otros restos de especies marinas, además, desafortunadamente, de inevitables residuos. Detrás de la playa hay uno de los pinares más bien conservados de la zona, un lugar idóneo para descansar a la sombra, especialmente en verano. |
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| Unas garrigas que han sufrido muchos incendios Hacia el interior, la garriga sustituye la vegetación litoral. Esta área de Mallorca es la más castigada por los incendios, motivo por el que montañas, con un peculiar aspecto pelado propio de la zona, dominan el paisaje. La presencia de pinos (Pinus halepensis) es especialmente importante alrededor del Matzoc y la torre de Albarca, donde hay un denso pinar. En las otras áreas domina sobre todo el carrizo (Ampelodesma mauritanica) acompañado de zarzaparrilla (Smilax aspera), la mata (Pistacia lentiscus), la aliaga (Genista lucida), el gamón (Asphodelus microcarpus), el romero (Rosmarinus officinalis), el brezo (Erica multiflora) ... El palmito (Chamaerops humilis), especie incluida en el catálogo balear de especies vegetales amenazadas, presenta aquí una población importante. | |
Segunda parada: La torre de Albarca Desde el Matzoc, siguiendo siempre el camino litoral y dejando el pinar a mano derecha, una pronunciada pero breve subida (menos de 10 minutos) conduce hasta la torre de Albarca. Es una torre de vigilancia y defensa, construida en el siglo XVIII. Forma parte del cinturón de torres construido en esa época por todo el litoral mallorquín para defender la isla de la piratería y de los corsarios, tan habitual en aquellos siglos. Desde aquí se ven también las torres de la atalaya de Son Jaumell (hacia el levante) y la atalaya Moreia (hacia poniente). |
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Es una edificación troncocónica, de unos 11 metros de altura, hecha con piedra y argamasa, con piezas de arenisca en el paramento externo. La puerta de acceso original está a media altura, por cuestiones de seguridad. Posteriormente se hizo una abertura en la planta baja, por la que se accedía al interior. En la planta baja hay tres estancias, una de ellas era el polvorín. Si se accede a su interior, hay que ir con mucha precaución por el peligro de derrumbamiento. Es especialmente peligroso subir por la escalera de caracol porque faltan algunos peldaños. Sobre la torre hay aún el gran cañón que se utilizaba para la defensa. A lo largo del siglo XIX, cuando ya no se utilizaba, empezó su decadencia y degradación. Ya en el siglo XX, durante algunos años los carabineros la aprovecharon para la vigilancia del contrabando. Actualmente, pese a ser un bien de interés cultural (BIC), se encuentra en un estado de abandono y, si no se interviene de forma inmediata, puede degradarse irreversiblemente. Este es uno de los mejores puntos para disfrutar del paisaje: se ve todo el litoral, desde el cabo de Formentor y el cabo del Pinar, a poniente, hasta el cabo del Freu a levante, con los acantilados de Ferrutx como elemento más destacado. Justo delante se encuentra el farallón, a menudo rodeado de gaviotas. El contrabando El contrabando, es decir, la introducción de género y mercancías al margen del sistema fiscal, ha sido una constante en la historia de Mallorca. Desde la edad moderna, el contrabando se situó en una dimensión creciente. Los puntos de origen del material eran los puertos del Mediterráneo occidental, como Marsella y Génova, y el litoral del Magreb. El tabaco, sobre todo, era el género de contrabando por excelencia. La larga línea de la costa del litoral mallorquín, con numerosos puntos accesibles para desembarcar la mercancía, ofrecía unas condiciones ideales para la práctica del contrabando. Esta actividad contaba, en Mallorca, con una sólida base social: desde la nobleza y la burguesía mercantil, que la financiaban, los patrones, que transportaban la mercancía, hasta los payeses y los menestrales, que la ocultaban en los escondrijos y la distribuían. La figura del contrabandista estaba, además, muy valorada socialmente. Las clases populares encubrían a los contrabandistas y, al mismo tiempo, se beneficiaban de esta práctica que les proporcionaba trabajo bien remunerado y mercancías a buen precio. Hasta la guerra civil de 1936-1939, el cuerpo de carabineros, creado en 1829, era el encargado de perseguir las actividades de contrabando en las costas y las fronteras. Aún así, eran frecuentes los sobornos para que los carabineros permitiesen que la mercancía pudiera llegar y ser distribuida. Entre 1940 y 1955 se incrementó notablemente el contrabando de alimentos (azúcar, harina y café) indispensables para la subsistencia de una población sometida a las penurias de la posguerra. | |
Tercera parada: Na Balladora Desde la torre de Albarca hasta la fuente Celada, el recorrido, de casi media hora, transcurre por un tramo rocoso muy espectacular, de aspecto lunar. Son es Saulonar y na Balladora, una zona baja donde la influencia del mar llega hasta muy adentro y uno de los mejores lugares para observar la vegetación rocosa y los endemismos presentes en el área. |
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La costa rocosa cubierta de unas plantas muy especiales. Un hecho que cabe observar durante todo el recorrido es la presencia de pequeñas plantas que crecen en las rocas del litoral, casi sobre el mar. Son especies adaptadas a vivir en condiciones extremas, prácticamente sin tierra, con muy poca agua dulce, con las contínuas embestidas del viento y las salpicaduras del mar. Por este motivo son plantas bajas, muchas veces de forma redondeada, con las hojas pequeñas y gruesas. Es un conjunto de plantas de elevado interés para la ciencia y para la conservación, ya que muchas son endémicas: solamente se encuentran en Mallorca o en las Baleares, y aquí están bien representadas. En la zona más cercana al agua las más abundantes son el hinojo marino (Chrithmum maritimum) y los limonios (Limonium spp.). Justo a continuación de estas, hacia el interior, se encuentran, entre otras, la aliaga (Launaea cervicornis), la lechetrezna (Euphorbia pithyusa) y la manzanilla (Santolina chamaecyparissus ssp. Magonica), esta última muy aromática. Unos metros más hacia el interior, hay pinos (Pinus halepensis) adaptados a vivir sobre la roca, de curiosas formas modeladas por el viento. |
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Cuarta parada: La fuente Celada La fuente Celada, solamente a 10 minutos del final del itinerario, es una playa espectacular, con una amplísima lengua de arena que se adentra hacia el interior, donde hay especies vegetales propias de las zonas dunares. El topónimo proviene del hecho de que hay un manantial. En los años de lluvia se forma en el lugar una laguna interesante, que habitan los sapos y otras especies. |
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Desde la fuente Celada se toma el camino paralelo a la costa que conduce hasta el Arenalet y pasa cerca de dos espectaculares tamariscos (Tamarix gallica). Siguiendo este mismo camino, pero en sentido contrario, se puede llegar a las casas de Albarca.
Las playas: plantas de arena y plantas de mar Uno de los principales atractivos de este itinerario son las tres magníficas playas vírgenes que encontramos a lo largo del recorrido: el Matzoc, la fuente Celada y el Arenalet de Albarca. En estas playas se encuentran especies vegetales adaptadas al crecimiento sobre la arena. Tienen casi siempre las raíces largas para poder captar agua y por este motivo son fundamentales para la conservación de las playas, ya que ayudan a retener la arena. Es el caso de la coronilla real (Lotus cytisoides), la mielga marina (Medicago marina), el cardo marino (Eryngium maritimum), el nardo marino (Pancratium maritimum), el carrizo de arenal (Elymus farctus) ... También sobre la arena, pero en este caso procedentes del fondo marino, se encuentran frecuentemente restos de otro vegetal interesante: la posidonia (Posidonia oceanica). Aunque popularmente se la denomina alga, es en realidad una planta superior marina. El algar es uno de los ecosistemas más variados y productivos del mar Mediterráneo. En las playas se depositan durante el otoño y el invierno restos de hojas y de tallos (que muchas veces forman curiosas bolas marrones, popularmente conocidas como pets de monja) y forman una especie de barrera que contribuye a proteger la playa de la erosión de las olas. |
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Quinta parada: El Arenalet de Albarca Se llega al final del recorrido después de caminar aproximadamente 1 hora y 15 minutos. En el Arenalet se entra en la finca pública de Albarca y es Verger, que el Govern de les Illes Balears adquirió en 1999. Llama la atención la edificación de un chalé que construyeron los anteriores propietarios y que ahora se dedicará a actividades relacionadas con la conservación, la vigilancia y la educación ambiental. En esta playa, la más grande de las tres, también está presente la vegetación de tipo dunar. Destacan en el lugar, más que en otro sitio, el cardo marino (Eryngium maritimum) y la lechetrezna (Euphorbia paralias). Debemos evitar pisar las áreas de arena interiores. La presencia de los acantilados de Ferrutx es aquí espectacular. Aquí se termina el itinerario y podemos volver atrás sobre nuestros pasos, o también podemos iniciar nuevas excursiones hacia la Tudossa o la atalaya Moreia (mejor consultar antes si es necesario disponer de autorización). La observación de las aves Ya que este recorrido transcurre todo el tiempo cerca del mar, las especies de aves que podemos observar fácilmente son la gaviota común (Larus cachinnans) y la gaviota corsa (Larus audouinii), de pico rojo y patas oscuras. En el mar no es difícil ver algún cuervo marino (Phalacrocorax aristotelis) y, si tenemos suerte, tal vez podremos ver el águila pescadora (Pandion haliaetus). En las rocas cercanas al mar son frecuentes el mirlo solitario (Monticola solitarius), la colarroja (Phoenicurus ochruros) durante el invierno y la golondrina de ribera (Oenanthe oenanthe) durante la primavera y el otoño, además de algunos limícolas como la lavandera (Actitis hypoleucos). Entre las matas, hasta en las más bajas del litoral, se pueden ver currucas, la de zarza (Sylvia melanocephala) y el rabilargo (Sylvia sarda ssp. Balearica), endémico de las Baleares, y también pardillos (Carduelis cannabina), y durante el invierno, algún petirrojo (Erithacus rubecula).En las garrigas se encuentran herreruelos (Parus major), reyezuelos (Troglodytes troglodites), verdecillos (Serinus serinus), encapuchados (Galarida theklae), veroles (Anthus campestris), perdices (Alectoris rufa), tórtolas (Streptopelia turtur) y palomas (Columba palumbus). En invierno, se puden ver en el lugar mosquiteros (Phylloscopus collybita), tordos (Turdus philomelos) y estorninos (Sturnus vulgaris). Las rapaces que más fácilmente se pueden observar en esta zona son el cernícalo (Falco tinnunculus) y el gavilán (Hieraetus pennatus). |
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